A veces la muerte nos sorprende. Llega sin avisar y se lleva a alguien que conocemos y en ese momento recordamos que la vida es dolorosa. Recuerdo el primer principio del Budismo, "la vida es sufrimiento". ¿Qué le dice uno a una persona que está destrozada por el dolor? No hay nada que se pueda decir que mitigue el dolor. Ni la religión, ni la filosofía, ni la psicología, nada, absolutamente nada sirve en ese momento de consuelo. Lo único que cuenta es nuestra fortaleza y el tiempo. Y cuando digo nuestra fortaleza no me refiero a que si somos fuertes no sentiremos, no; lo que digo es que nos dolerá, lloraremos, maldeciremos, pero resistiremos el temporal que arrecia. Y luego el tiempo ira menguando el fuerte dolor que nos embarga. De pronto, pasado el tiempo, sirva la reflexión filosófica, religiosa o psicológica, pero en el momento, lo único que sirve es la cercanía de nuestros seres queridos.
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