La
vida es compleja. Definirla es difícil.
Desde un punto de vista Darwiniano, es decir objetivo y natural, la vida es
competencia. “Solo sobreviven los más aptos.” Algo similar ocurre en nuestras
sociedades. Las oportunidades del rico no son las mismas que las del pobre. El
primer precepto del Budismo reza: “la vida es sufrimiento.” Es decir que
debemos aprender que no siempre conseguimos o conservamos lo que queremos. Desde
una perspectiva arcaica, como la antigua mitología griega, la vida es destino.
Solo los dioses saben lo que nos espera. Fue la tragedia que tuvo que soportar
Edipo. Desde la perspectiva cristiana, católica o protestante, la vida es un
don de Dios. YHVH, “el que es”, es el dueño de la vida y nos deja a nuestro albedrío,
pero de vez en vez decide sobre nosotros. Fue la prueba que tuvo que soportar
Job. Diferentes perspectivas para tratar de definir algo complejo y sin
embargo, la humanidad no se pone de acuerdo en definirla, es difícil hacerlo.
Igual de complejo es el ser humano. Comprenderlo es difícil. El Ser humano es tan
misterioso que al igual que la vida, es difícil definirlo. Es un entramado de biología,
cultura, pensamiento, sexualidad, lenguaje, religiosidad, cognición, moralidad
y mucho más… En su complejidad el ser humano es el único que se propone metas y
trata de alcanzarlas. El hombre es un ser incompleto que anda en busca de sí
mismo y se persigue de manera constante. No es el que es sino el que se propone. Las plantas son lo que son. Los animales son lo que son. Los
humanos no son lo que son sino lo que quieren llegar a ser. El árbol de Mango
no puede dar Peras. Está en su naturaleza dar Mangos. La hormiga no puede ser
otra cosa que una hormiga. Está en su naturaleza ser hormiga. El niño nace sin
conocimiento alguno de la vida pero puede convertirse en médico, está en su
naturaleza la capacidad de escoger.
Como individuos ponemos metas y trazamos caminos para llegar a ellas. El trayecto
está lleno de trabas, obstáculos, percances. Solo los tenaces logran el
objetivo. Los débiles se retiran, desvían el camino o permiten que la vida los
lleve, como las aguas del rio que llevan sobre si la rama que cayó del árbol.
Hoy estamos presenciando el triunfo colectivo e individual. Triunfo colectivo ya
que es producto del esfuerzo de una familia (Jaime y Sara, los padres; Nohemí, la tía; Jaime y César, los
hermanos), familia que a ha logrado seguir unida, a pesar
de las dificultades originadas por lo casual y lo causal, y las distancias,
humanas y divinas. Triunfo Individual, ya que Sara Ramírez, la niña, la mona, se
ha esforzado para alcanzar su sueño: ser Médico. Noches de trasnocho, días de
soledad y exploraciones de caminos alternos quedaron atrás, su sueño, hoy es
una realidad. Mañana comienza un nuevo camino, ejercer la profesión; una nueva
meta, servir a las personas; una nueva batalla, derrotar las enfermedades. Celebremos
el esfuerzo, celebremos el triunfo, celebremos la vida.
Felicidades.
Felicidades.
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