Este es un homenaje a la negra, la morocha, la nenita, negus o morro, como le decíamos con cariño.
Me gustan las palabras. Las cultivo en un jardín hermoso y quise cortar las más bellas para engalanar la partida de nuestra tía. Luego sentí que ella no las necesitaba pues su vida fue tan maravillosa que no encontré palabras que pudieran expresar lo que fue el amor tan grande y el corazón tan generoso que tuvo para toda su familia y digo su familia porque todo el que la conoció la consideraba así: “Era la tía de todos”.
Tampoco encontré las palabras para expresar el enorme amor que sentimos y seguiremos sintiendo por ella. Así que me frustré. Lamenté no poder engalanar su viaje con la expresión de mis sentimientos.
Los versos “venga ya la dulce muerte” de Santa Teresa de Ávila y ¡Qué sueño el del sepulcro, tan tranquilo!” de Gustavo Adolfo Bécquer sirvieron de consuelo a mi doble frustración: La de su partida y la de mi impotencia. Por eso los quiero regalar para que encuentren el consuelo que yo creo encontrar cuando los leo y pienso en ella.
Al reflexionar estos versos me doy cuenta que su muerte no debe ser para nosotros motivo de dolor ya que su vida fue maravillosa, plena, feliz. Una vida de entrega total para su familia. Amor era lo que tenía para obsequiarnos y ese amor fue retribuido por cada uno de nosotros en vida.
Todos en el final de nuestra existencia terrena estaremos en la sepulcral caja de madera. La pregunta es ¿cuántos lograremos una buena muerte y una despedida tan amorosa como la de ella? Con sus gestos y frases peculiares siempre nos sacó una sonrisa. Era una tía graciosa que gustaba de hacernos reír. “No llore por mí papito, que yo ya me tengo que ir” dijo a uno de sus queridos sobrinos poco antes de fallecer. Es por eso que el más bello homenaje que podemos hacerle es recordarla con una sonrisa. Sé que en estos momentos es difícil pero intentémoslo. Recordémonos diciéndole “morro” y a ella devolviéndonos un gesto que al unísono nos hacía reír. Sonriámosle a la tía Nohemí pues ya se encuentra en el “tranquilo sueño de la dulce muerte”. Descansa en paz hermosa Tía. Estarás siempre en nuestro recuerdo y en nuestras sonrisas.
César Augusto Ramírez Páez
26 de junio de 2017
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