A D.C.O.V.
Y la Hermosa y Dulce Luna regresó.
En su ausencia hubo noches oscuras, lobos sin aullido,
mar sin surcos de plata,
mar sin surcos de plata,
cantores sin inspiración, poesía sin encanto...
sencillamente la noche carecía de belleza.
El viejo ermitaño, en los tiempos
en que la dulce Luna estaba junto a él,
en que la dulce Luna estaba junto a él,
se dedicaba a contemplar su belleza
y se extasiaba cuando su piel
era rozada por sus cálidos y tenues rayos.
En su
ausencia el ermitaño entretuvo
las noches oscuras
las noches oscuras
en los enmarañados recovecos de su
pensamiento,
tratando de descifrar la realidad.
Pero su pensamiento
siempre se volcaba
al hermoso recuerdo de su amada y bella Luna...
...y entonces
quiso descifrar el misterio del amor
pero supo que no podía
ya que el amor es
inasible, indescifrable, infinito...
Supo que
la hermosa luna lo había cautivado...
En
eso consistía el amor,
en haberse prendado de su belleza.
en haberse prendado de su belleza.
¿Quién
podía resistirse a su hechizo de
plata?
¿Quién a sus cálidas noches de pasión infinita?
¿Quién a sus profundos y místicos besos?...
No, el amor era indescifrable
e indescifrable su misterioso encanto...
e indescifrable su misterioso encanto...
¡ah!
hermosa Luna,
hermosa y misteriosa luna,
ladrona de corazones...
hermosa y misteriosa luna,
ladrona de corazones...
La Dulce luna del Oeste había regresado
y el ermitaño a lo más que
podía aspirar
era nuevamente a contemplar su belleza
y perderse en su calidez
y en su misterioso encanto...
y en su misterioso encanto...
Y en una
noche de febril embrujo
entono un poema a su amada:
entono un poema a su amada:
...Hermosa
y cálida Luna,
dueña de mis noches de amor,
dueña de mis noches de amor,
habitante permanente de mi
pensamiento...
te amo con amor de luna,
con misterio de plata,
con besos de nácar...
con misterio de plata,
con besos de nácar...
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