San Jerónimo

San Jerónimo
Juan Dó, San Jerónimo meditando con una calavera, Whitfield Fine Arts Gallery, Londres.

domingo, 5 de marzo de 2017

BESOS Y CANTOS DE AMOR A LA BELLA Y DULCE LUNA DEL OESTE

A   D.C.O.V.

Y la Hermosa y Dulce Luna regresó.
En su ausencia hubo noches oscuras, lobos sin aullido, 
mar sin surcos de plata, 
cantores sin inspiración, poesía sin encanto... 
   
sencillamente la noche carecía de belleza.

El viejo ermitaño, en los tiempos 
en que la dulce Luna estaba junto a él, 
se dedicaba a contemplar su belleza 
y se extasiaba cuando su piel 
era rozada por sus cálidos y tenues rayos.

En su ausencia el ermitaño entretuvo 
las noches oscuras 
en los enmarañados recovecos de su pensamiento, 
tratando de descifrar la realidad. 
Pero su pensamiento siempre se volcaba 
al hermoso recuerdo de su amada y bella Luna... 

...y entonces quiso descifrar el misterio del amor 
pero supo que no podía 
ya que el amor es inasible, indescifrable, infinito...
Supo que la hermosa luna lo había cautivado... 
En eso consistía el amor, 
en haberse prendado de su belleza.
¿Quién podía resistirse a su hechizo de plata? 
¿Quién a sus cálidas noches de pasión infinita? 
¿Quién a sus profundos y místicos besos?... 
No, el amor era indescifrable 
e indescifrable su misterioso encanto... 
¡ah! hermosa Luna, 
hermosa y misteriosa luna, 
ladrona de corazones...

La Dulce luna del Oeste había regresado 
y el ermitaño a lo más que podía aspirar 
era nuevamente a contemplar su belleza 
y perderse en su calidez 
y en su misterioso encanto...

Y en una noche de febril embrujo 
entono un poema a su amada:       
...Hermosa y cálida Luna, 
dueña de mis noches de amor, 
habitante permanente de mi pensamiento... 
te amo con amor de luna, 
con misterio de plata, 
con besos de nácar...    

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