a
D. C. O. V.
Se encontraba a mitad
del mar, perdido, sin rumbo fijo, sintiendo el oleaje y dejándose llevar por su
destino.
En el cielo, reina de
la noche, bella como solo ella puede serlo,
la luna era feliz observando la tierra en toda su magnitud. Ni el
naufrago había reparado en la luna, ni la luna se había percatado de aquel errabundo
que entonaba himnos de amor a la noche y se extasiaba con la belleza de las
estrellas.
En un momento fortuito
cada uno se percató de la existencia del otro. El se
prendó de su belleza, ella de su elocuencia. Ella gustaba escuchar en silencio sus letras y verlas coger forma en el
nocturno lecho marino. El gustaba escribirle a la hermosa bella luna.... luna mágica..... salvadora de náufragos perdidos en el alta mar de la existencia.
Ambos decidieron estar uno cerca del otro. Ella ya no
necesitaba observar la tierra en toda su magnitud, quiso escucharla en las
letras de su amado. El encontró una ruta a puerto seguro siguiendo la estela que ella dejó para él. Halló reposo en una playa solitaria.
Construyó una cabaña y se dedicó a componer bellas letras para la Luna, hermosa y
bella Luna.
Desde entonces se dice
que la luna se quedó en esa paradisíaca playa y todas las noches el cantor
recita letras de amor que compone en el día a su amada Luna, salvadora de náufragos de la existencia.
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